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TRABAJO, LECTURA Y MEMORIA

Un lector para las trilladoras

Por Julio A. Larramendi

Una tradición cubana que conecta el trabajo colectivo, la literatura, la educación y la memoria, desde las tabaquerías del siglo XIX hasta las salas de selección de café actuales.

Sala de selección de café cubana con trabajadores junto a largas mesas bajo una techumbre de madera
COFFEE SORTING ROOM · PHOTOGRAPH AND LOCATION CREDIT PENDING

En una actividad artesanal y repetitiva como el despalillado de las hojas de tabaco secas y, sobre todo, en la creación manual de los puros habanos, un silencio peculiar envuelve los grandes salones donde laboran decenas de hombres y mujeres.

No resultaba extraño que un hombre como Saturnino Martínez, quien había publicado un periódico para los obreros, promoviera la idea de ocupar ese tiempo con una lectura interesante y amena, y de paso despertar la conciencia entre los trabajadores. La propuesta fraguó en 1865, especialmente en La Habana, y la figura del lector se estableció en las fábricas de tabacos.

En muchos casos, los trabajadores elegían por votación qué se escucharía en la sala: noticias, novelas, textos históricos, poesía… Fueron ellos mismos quienes decidieron cómo mostrar su aprobación al texto recién leído. Sus manos ocupadas no les permitían aplaudir, por lo que, aún hoy, con sus chavetas —pequeñas y anchas cuchillas utilizadas para cortar las hojas de tabaco y del puro en proceso— remedan el aplauso al chocarlas repetidamente contra la madera de la mesa de trabajo.

READER IN A CUBAN CIGAR FACTORY · HISTORICAL POSTCARD · SOURCE AND DATE TO BE CONFIRMED

Los propios trabajadores pagaban el salario del lector, lo que lo convertía en un empleado de la fábrica y en una especie de maestro para ellos. Era común que alguna lectura promoviera la discusión, sin que se interrumpiera la producción. Esta actividad fue considerada subversiva por las autoridades coloniales, que llegaron a prohibirla en 1866. Sin embargo, bajo la presión de los trabajadores, fue restablecida poco después.

Con la migración de tabaqueros cubanos a Tampa y Cayo Hueso, la tradición también se estableció allí y contribuyó a la divulgación de las ideas libertarias de José Martí.

Lo realmente curioso es que esta práctica, mantenida hasta hoy en las fábricas y despalilles cubanos, fue propuesta en inicio para la actividad del trillado o «escogida» del café.

En 1840, un cuarto de siglo antes de que se instaurara en las tabaquerías, el escritor español Jacinto Salas y Quiroga, tras visitar en un cafetal el espacio donde un grupo de esclavos realizaba silenciosamente la selección de los granos óptimos, escribió en su libro Viages. Isla de Cuba:

“Y entonces se me ocurrió a mí que nada más fácil habría que emplear aquellas horas en ventaja de la educación moral de aquellos infelices seres. El mismo que sin cesar los vigila podría leer en voz alta algún libro compuesto al efecto, y al mismo tiempo que templase el fastidio de aquellos desgraciados, les instruiría de alguna cosa que aliviase su miseria.”

— Jacinto Salas y Quiroga, Viages. Isla de Cuba, 1840

Hoy, cuando decenas de personas ocupan largas horas en el trillado del café, quizás sea el momento de implementar esta hermosa propuesta.

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