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Multitud reunida al atardecer frente a la torre de la iglesia de Remedios entre humo de fuegos artificiales
Parrandas de Remedios · Fotografía: Julio Larramendi

Tradiciones · Patrimonio vivo · Remedios

Remedios sin parrandas... ¡no sería Remedios!

Por Julio A. Larramendi

Una crónica de Julio A. Larramendi sobre la fuerza de una tradición popular que, aun en tiempos de pandemia, encontró la manera de volver a las calles.

En diciembre de 2021 llegamos a Remedios convencidos de que aquel año no habría fiesta. Las restricciones de la pandemia apenas comenzaban a levantarse y todo indicaba que la ciudad pasaría, por segunda vez, unas Navidades en silencio.

Nos despertamos, sin embargo, con música. Desde muy temprano las calles ya no eran las mismas: los repiques, las banderas de El Carmen y de San Salvador, los grupos que recorrían la ciudad anunciaban que el pueblo remediano había decidido, por su cuenta, que la tradición no podía morir.

No fue una parranda organizada ni anunciada. Fue algo más espontáneo y, quizás por eso, más conmovedor: familias enteras en los portales, muchachos con banderas, faroles improvisados, fuegos artificiales encendidos en medio de la plaza. Una fiesta que se hizo sola, empujada por doscientos años de costumbre.

Aquellos días coincidieron con la presentación del libro Las Parrandas de Remedios. 200 años de Historia y tradiciones, un trabajo que reúne investigación histórica y fotografía contemporánea para documentar una de las celebraciones populares más antiguas del continente. Presentar el libro en la propia ciudad, y con la fiesta ocurriendo alrededor, le dio a las páginas un sentido distinto.

“Remedios sin parrandas... ¡no es Remedios!”

Farola de barrio en la noche de parranda · Fotografía: Julio Larramendi
Fuegos artificiales en la plaza · Fotografía: Julio Larramendi
Trabajo de plaza y carroza iluminada · Fotografía: Julio Larramendi

Remedios pertenece a esa lista de villas cubanas que bien podrían llamarse Pueblos Mágicos: lugares donde el patrimonio no está solo en las fachadas ni en los museos, sino en lo que la gente sigue haciendo cada año. Las parrandas son patrimonio vivo, y como todo lo vivo, dependen de que alguien las sostenga.

Ahí está, creo, el papel de la fotografía: no sustituir la fiesta, sino acompañarla; conservar la memoria de las noches de trabajo, de las farolas encendidas, de los rostros de un barrio que espera todo el año por su momento. Divulgar el patrimonio también es una forma de protegerlo.

Cuando ya nos íbamos, todavía se escuchaban los últimos morteros sobre la plaza. Ni siquiera la Covid-19 pudo con aquella costumbre. Y es que Remedios sin parrandas... ¡no es Remedios!

Texto y fotografías de Julio A. Larramendi. Artículo asociado al libro Las Parrandas de Remedios. 200 años de Historia y tradiciones.

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